Por qué nos metimos en esto...
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Desde nuestra infancia, Claudia y yo hemos estado rodeados de mascotas. En el caso de ella, sus padres tenían fincas donde era frecuente convivir con perros, gatos, loros, gallinas, patos, sapos y muchos otros animales. En mi caso, en un ambiente un poco más citadino, el abanico cubría únicamente perros, gatos, canarios, tortugas y claro está, mi hermana Mari.

Nuestro primer regalo de matrimonio fue Max, un espectacular Pastor Alemán que inició una dinastía de tres generaciones de hermosos ejemplares. Tuvimos también Rottweiler, Labrador y claro está varios gatos criollos que disfrutaron de una pequeña parcela donde crecieron junto con nuestros hijos y a la par de ellos.

Después de varios años lejos de Colombia, regresamos a Bogotá a un apartamento con una bella terraza. Unos años después, mi madre, que vivía en su apartamento a unos cuantos metros del nuestro, murió y nos dejó como herencia a Tobby, un pequeño y viejo Schnauzer quien nos acompañó por algunos años antes de ir a reunirse nuevamente con ella.

Para compensar su ausencia, nuestro hijo Nicolás se apareció un día con FIDEL… un Beagle que literalmente se comió todo nuestro apartamento y destruyó todo lo que atravesó por su camino.  Indomable, estuvo con nosotros cerca de dos años!!!

Logramos por un tiempo quedarnos sin mascotas en casa. Inicialmente fue un alivio, además que nos dio espacio de reconstruir la casa, pero con el paso del tiempo, Claudia empezó a sugerir que sería chévere tener un perrito. Uno pequeño que pudiera ser consentido y mimado por todos… yo todavía tenía en mente a Fidel  y su catastrófico paso por nuestras vidas e insinué que un gato podría ser una mejor opción. “UN GATO?!!!!” Tanto nuestra hija Steffy como Claudia se opusieron con vehemencia. Un día cualquiera, ante mi insistencia, Claudia lanzó una frase que hizo cambiar la historia: “El gato que entra por la puerta y yo que salgo por ella”.

Esa noche estuve hasta altas horas de la noche en internet buscando gatos por todo el mundo.  Cómo perder esa oportunidad!!!
Busqué gatos de cierto tamaño, que no fueran tan conocidos  y entre ellos aparecieron los Chartreux. Su historia y temperamento (más adelante les cuento sobre ello) me cautivaron. En Colombia parecía no haber  ejemplares de esta raza, lo cual me interesó aún más. Inicié mis pesquisas en la world wide web y me contestaron algunos criadores de varias partes del mundo, entre ellos una adorable mujer húngara: Susan Benko.

Mis padres eran oriundos de Hungría y me encantó la idea de negociar con ella. Teníamos los mismos orígenes y de mi infancia me quedó un residuo de húngaro con el cual podría comunicarme con ella…sonaba divertido. Le quedaba un gatita de tres meses de edad y tomé la decisión: Blue Melody Kitty sería nuestra!!!

Me tomó tres meses más poder ir por ella.  Durante este tiempo, Susan nos hizo mil preguntas y recomendaciones para asegurar el mejor hogar para su Kitty. Fuimos con Steffy hasta Vértestona, en el norte de Hungría y conocimos a los Benko,  su criadero, los padres de Kitty (Muumy y Duchesse) y obviamente a Kitty. La despedida con los Benko fue muy emocionante: Gran alegría por nuestra parte y por la de ellos una profunda tristeza por la partida de Kitty.

Al regreso, estaba yo muy ansioso al cruzar la puerta de mi casa. Kitty entro como “Pedro por su casa” y para sorpresa mía, Claudia no salió como había prometido!!!

No pasaron más de dos semanas con Kitty en casa cuando ya teníamos claro que no estaría sola. Traeríamos un compañero e iniciaríamos una nueva aventura de introducir la raza en Colombia.

Otra vez largas horas en internet y una respuesta interesante. Fred Andrews, propietario de Chateaubleu Cattery en Staten Island, Nueva York, además de su pronta respuesta a nuestra solicitud, se mostró interesado y exigente en el tipo de vida que daríamos a su gatito. Me gustó, que al igual que Susan, se preocupara también por el futuro de sus gatos. Estudiamos pedigrees, vimos fotos de Felix y sus padres y finalmente llenamos un cuestionario y un contrato con serios compromisos de darle a Félix una buena vida. Aceptamos de buena gana y Chateaubleu Félix era nuestro!!!
Coincidió que mi hijo mayor Andrés tuviera que presentar en esos días su tesis de doctorado en la Universidad de Nueva York (NYU) y se encontraron con Fred en la estación del ferry de Whitehall Terminal en Manhattan, donde Felix inició su travesía hacia su nuevo hogar.

Es así como la influencia de nuestra infancia, nuestra continua convivencia con mascotas, la amenaza de Claudia, pero en mayor medida el aterrorizante recuerdo de Fidel nos condujeron a iniciar esta aventura. Por eso estamos metidos en esto…

 
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  Criadero de gatos Chartreux - Bogotá, Colombia +57 315 364 5118

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